jueves, 2 de mayo de 2013

PENA CAPITAL


Pena capital
Cuento
Marcela  González

-Con aire acondicionado, servicio a habitación, cable y chocolatitos debajo de la almohada- ,eso pensaba mientras la octogenaria secretaria celestial profesaba la sentencia condenatoria a la eternidad; con el suficiente respeto para oírla pero no el bastante para escucharla y es que sigo sin entender la manera en la que funcionan estos altos procesos burocráticos celestiales en los cuales el dictamen asegura una suite en el cielo con vista al mar, eso o pasar el resto de tus días conscientes aprisionado en tu inconsciente para vivir la inconciencia en una limitada libertad. Bueno y como me cansé de lo último, nunca nos llevamos bien la moral y yo, casualmente el  camión que entre la calle tercera y el gritó del señor,amablemente me atropelló, me hizo entonces el favor de mandarme a esta sala de espera y aquí estoy aún con la maleta en mano; el presupuesto divino no da para el salario de botones
-¿Más café?-, dijo por noséquénesima vez la coneja que saltante de acercó. La primera vez que la vi, una ligera risa se apoderó de mi estómago pues recordaba lo que mi abuelo me había dicho – todos los animales van al purgatorio, dijo mientras enterábamos a Rábanos. Y efectivamente todos los animales están aquí, junto a los arrepentidos y los que como yo, no tienen los argumentos suficientes avalados por las instituciones vinculadas con esto de lo divino para dar seguimiento a nuestra sentencia eterna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario