Minirelato
Aranza
Casildo
De
modo que se rindió ante la paranoica ilusión, aquella vocecilla elocuente: la
arrogante intromisión. Llevaba tiempo con ese mounstro de dolor, experiencia
degradadora. Ella no estaba ahí. Sólo encontró la perdición: arena seca para su
alma hueca.

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