jueves, 2 de mayo de 2013

BLANCO Y NEGRO. EN MEDIO


Blanco y negro. En medio.
Cuento
Pedro Luis Burrota

El poblador primero de la ciudad tiene trillizos. Él los parió y ahora se arrepiente. Nacieron iguales y hoy se repugnan necesitándose. La vida les obsequió características, estilos e identidad; que ahora luchan por conservar.
El menor de ellos, que fue el primero en nacer, es moreno, físicamente fuerte, sus manos son duras como su cráneo. La honestidad, quizá, es su esencia. No necesita sino comer, beber y masturbarse; la pornografía siempre llega a sus manos. Uno de sus hermanos, el áureo, es mucho más alto, superlativamente, y se cree dueño del mundo; tiene un buen empleo (minero)  y su mejor amigo es el pastor de la granja adyacente a la ciudad. Dios sospecha que el áureo es quien patrocina la pornografía consiguiéndola de su amigo, mejor amigo, el pastor. El tercer hermano es una vaca (el poblador primero tampoco se lo explica). Es gorda y torpe. Dicen que tiene el mismo espíritu que el hermano moreno, pero es tan terca e ignorante esta obesa que no lo acepta. Nació después de la espérmica carrera por alcanzar el óvulo que formo al áureo.
Esta vaca es el problema del problema de la ciudad. No tiene esencia, sólo es gorda, floja y torpe. De vez en cuando filosofa un poco en algún lugar de su tosco cuerpo, pero se cree amiga del pastor promotor de pornografía;  él la mal influye con sus ensayos huecos y pobres persuadiéndola de que es innecesario tener una identidad. Siempre la exhorta a continuar vaca, a no iluminarse y la convence de que es malo juntarse con su hermano menor, el moreno; por eso siempre la vaca termina aplicándole la ley del hielo al honesto. Pobre vaca, huele feo a nariz de Dios. Le agrada el pasto con azúcar, también gusta de pornografía, pero es insaciable; no entiende que su lúgubre destino es diluirse en el pueblo, unirse al moreno y dejar de masturbarse.
El día que la vaca comió pasto sin azúcar supo cuán exquisito era éste (y cuán ocioso era el endulzarlo). Pensó en tomar todos esos granos dulces y arrojárselos en el rostro al áureo, a quién culpaba de tenerla maloliente y con maquillaje blanco. No fue necesario tirárselos al sujeto alto, él los robó primero como solía hacerlo con todas las cosas “buenas”. La gorda enflacó, en demasía, y se mudó a una de las casas del moreno cráneo de puño. Juntos se ahogaron en un mar de ideas debido a su mala organización y a que nadie detuvo el tráfico de eyaculaciones. El áureo y su mejor amigo, el mejor amigo, pastor tomaron el control de la ciudad uniéndola a la granja adyacente. Se apropiaron de la esencia de su antepasado, el poblador primero, y continúan ahí. Todo ha muerto.

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