Blanco
y negro. En medio.
Cuento
Pedro
Luis Burrota
El
poblador primero de la ciudad tiene trillizos. Él los parió y ahora se
arrepiente. Nacieron iguales y hoy se repugnan necesitándose. La vida les
obsequió características, estilos e identidad; que ahora luchan por conservar.
El
menor de ellos, que fue el primero en nacer, es moreno, físicamente fuerte, sus
manos son duras como su cráneo. La honestidad, quizá, es su esencia. No
necesita sino comer, beber y masturbarse; la pornografía siempre llega a sus
manos. Uno de sus hermanos, el áureo, es mucho más alto, superlativamente, y se
cree dueño del mundo; tiene un buen empleo (minero) y su mejor amigo es el pastor de la granja adyacente a la
ciudad. Dios sospecha que el áureo es quien patrocina la pornografía
consiguiéndola de su amigo, mejor amigo, el pastor. El tercer hermano es una
vaca (el poblador primero tampoco se lo explica). Es gorda y torpe. Dicen que
tiene el mismo espíritu que el hermano moreno, pero es tan terca e ignorante
esta obesa que no lo acepta. Nació después de la espérmica carrera por alcanzar
el óvulo que formo al áureo.
Esta
vaca es el problema del problema de la ciudad. No tiene esencia, sólo es gorda,
floja y torpe. De vez en cuando filosofa un poco en algún lugar de su tosco
cuerpo, pero se cree amiga del pastor promotor de pornografía; él la mal influye con sus ensayos
huecos y pobres persuadiéndola de que es innecesario tener una identidad.
Siempre la exhorta a continuar vaca, a no iluminarse y la convence de que es
malo juntarse con su hermano menor, el moreno; por eso siempre la vaca termina
aplicándole la ley del hielo al honesto. Pobre vaca, huele feo a nariz de Dios.
Le agrada el pasto con azúcar, también gusta de pornografía, pero es
insaciable; no entiende que su lúgubre destino es diluirse en el pueblo, unirse
al moreno y dejar de masturbarse.
El
día que la vaca comió pasto sin azúcar supo cuán exquisito era éste (y cuán
ocioso era el endulzarlo). Pensó en tomar todos esos granos dulces y
arrojárselos en el rostro al áureo, a quién culpaba de tenerla maloliente y con
maquillaje blanco. No fue necesario tirárselos al sujeto alto, él los robó
primero como solía hacerlo con todas las cosas “buenas”. La gorda enflacó, en
demasía, y se mudó a una de las casas del moreno cráneo de puño. Juntos se ahogaron
en un mar de ideas debido a su mala organización y a que nadie detuvo el
tráfico de eyaculaciones. El áureo y su mejor amigo, el mejor amigo, pastor
tomaron el control de la ciudad uniéndola a la granja adyacente. Se apropiaron
de la esencia de su antepasado, el poblador primero, y continúan ahí. Todo ha
muerto.
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