El
último luchador con una nariz roja
Cuento
Pato
Rocha
Los globos
se amontonan, la felicidad inocente se escucha por doquier, no le da cabida a
la tristeza, aun una inocencia corrupta vuelve a mostrarse con la aparición de
aquel arcoíris material que se nos dio como una muestra de lo que es la gloria.
Reparte los globos; formando figuras de animales de la sabana, se mofa de su
desgracia para causar unas cuantas risas infantiles, intenta crear una nueva
ilusión, quizá no sepa como manejar su vida en esta o simplemente le gusta la
idea de tener poder sobre una mente y se burla utilizando los corazones y los
reyes. Cuando se encuentra en el escenario siente que su vida tiene un
propósito, reconoce el significado de cada parte de su vestimenta, quizá sus
zapatos tienen una forma descomunal para dar la ilusión de grandeza, aunque
todos sabemos que en realidad no llena los zapatos dejando un vacío quizá más
significativo de lo que pensamos.
Empieza a
recordar aquellos días en que los niños se interesaban por reír más que por
comprar, él sabe que su profesión ha sido olvidada con estos años, y empieza a
pensar como es posible que de tener una fama tan elevada, de generar lágrimas
de júbilo y de crear hasta 1000 animales en unas horas, todo lo haya llevado a
simplemente perder la noción de la realidad en su sillón de mierda, en su
departamento de mierda. Se pone a pensar; se pone a llorar, piensa que su vida
sea probablemente un cliché, y se hace la pregunta que debió hacerse hace unas
décadas: ¿Por qué trabajo en esto?
En sus días
de juventud era realmente inteligente, pero buscaba algo más, no buscaba la
fortuna ni la fama, ni el poder; buscaba las risas de las demás personas. Dejó
la escuela cuando tenía escasos 16 años y decidió buscar un mentor de la
profesión que dedicara su vida a provocar risas tanto de adultos como de niños.
Su madre lo odiaba, pero lo odiaba como nunca han visto que se odie a una
persona; no le daba de comer durante días simplemente porque le gustaba verlo
sufrir, por supuesto no tenía un lugar donde descansar en las noches, le ponía
periódicos para que rebajarlo no al nivel de un vago, sino al nivel de un
perro, un sucio y asqueroso perro. Su padre se fue de casa a los 4 días de que
él había nacido, ahí fue donde se generó todo el odio hacia la humanidad por
parte de la mamá y por supuesto lo canalizó en su hijo. Uno consideraría por
esta parte que tuvo una infancia triste, pero no fue así, toda su infancia se
la pasó riendo y llorando de alegría gracias a una honorable profesión que se
encuentra en cada circo, me encantaría que presenciaran la mirada de admiración
que les tenía aquel niño tan joven e inocente; por eso no le tengan pena pues
él fue feliz.
Llegó a
considerar que su maestro era un tipo de buda o algo por el estilo, se ponía a
meditar durante días, no podía ser que alguien que dedicara su sufrimiento
corporal para provocar risas fuera tan sabio; “la risa lo es todo, puede hacer
ver que en realidad la vida es horrible, la vida te va a escupir, te va a
vomitar, la vida te odia, pero con una risa le puedes decir: al menos sigo
aquí”, la enseñanza no tuvo gran repercusión en ese momento, de hecho le
pareció que no era original y que es lo que te intenta enseñar cada película de
Disney o los libros de autoayuda, así que decidió ignorarla. Ojalá su maestro
hubiera logrado verlo con su peluca disparatada y su nariz roja.
Al principio
optó por impartir felicidad en las calles, donde él se crio, quien sabe a lo
mejor y lograba cambiarle la vida a algún infante que se encontrara por allí,
así como le pasó a él. Obtuvo una clientela numerosa, todos olvidaban un poco
su rutina y los pendientes que tenían para poder quedarse un poco y observar
como se tropezaba con cascaras de plátano y recibía golpes con pasteles de
crema. Esa noche lloró con tanta felicidad que fue la primera vez que durmió tranquilo
y en paz, en una cálida y cómoda cama.
Al siguiente
día optó por repetir su espectáculo en el mismo lugar que el día anterior y al
igual que una noche atrás se amontonó una cantidad considerablemente grande de
gente, notó que ninguna cara se repetía, excepto la de una joven, parecía de su
edad, quien sabe, nunca he sido bueno para los rostros. Las risas volaron con
la misma euforia que su primer espectáculo, podría jurar que la joven que
volvía a verlo lloró de la risa esta vez.
Decidió que
en el tercer día de su larga carrera como generador de risas lo haría por
última vez en el lugar que lo vio nacer como profesionista urbano; volvió a ver
a la misma joven pero todas las demás caras eran nuevas, esto hizo que empezara
a preguntarse por aquella joven, sabía que era demasiado bonita para el, quizá
solo buscara alguien que la hiciera reír, no era posible en esta realidad que
ella quisiera estar con el, así que dio lo mejor de si, de todos modos estaba
seguro que esa era su misión en la vida.
No se puede
causar tanta alegría sin pasar desapercibido, así que inmediatamente un circo
lo adoptó como nuevo integrante de la familia, por una parte se sintió
realmente realizado porque formaría de la que es casa de las risas por excelencia
y por otra parte se preocupaba de que aquella joven no fuera a reír de nuevo
por causa de sus tonterías, pero quizá un millón de risas equivaldrían al
júbilo de aquella muchacha. Su primera noche fue todo un éxito, pero un éxito
enfermizo, parecía una estrella de rock, él sabía usar su inteligencia para
hacer reír tanto a los de mente simple como a los de una mente compleja y
crítica. Como añoramos esos días, tanto el personaje como un humilde servidor,
la gente iba al circo, las personas le prestaban atención a aquellos que la
requerían, eran tiempos mucho más simples, sin mencionar a los niños, los niños
amaban a cada integrante del circo, quizá algunos le tenían miedo, pero era un
miedo causado por su máscara, aquella máscara que no solo oculta su identidad,
también oculta lo amargo de la vida y nos dibuja una sonrisa al igual que a
ellos.
Éxtasis, esa
es la palabra que puede describir a la perfección lo que sintió nuestro amigo,
al escuchar por cuarta vez en su vida la risa de la joven, aquella joven que se
veía que tenía inocencia en sus ojos y que lo veía con una disposición más que
cautivante. Al final del espectáculo decidió conversar con ella, fueron
momentos de alegría para los dos; sin conocerlo la joven le propuso que se
fuera con ella y que solo actuara para ella, que solo causara risas y
carcajadas que procedieran de ella, que lo amaría mucho más que cualquiera que
lo fuera a ver. Se negó, la rechazó tan rotundamente sin pensarlo, su vida era
en el escenario, en las esquinas, en los semáforos, su vida era para la
humanidad y no para una sola persona, jamás volvió a ver a la joven.
Su carrera
seguía creciendo y creciendo, era un fenómeno, pudo haber creado una religión
de haber querido de tanta fama que tenía en su localidad; se sentía realizado,
gente de todas partes asistía al circo en que él se presentaba para poder
llegar a un orgasmo de risas. Sus camaradas lo respetaban, lo querían y lo
idolatraban, no parecía que la sociedad fuera a dejar de asistir a un evento tan
grandioso como fue este circo.
La sociedad
avanza y olvida, como todos sabemos la gente en esta época ya no asiste al
circo, ¿por qué lo haría? Tiene otros medios para reírse, una risa falsa causada
por alguien que intercambia alegría por dinero, a diferencia de nuestro amigo
que lo único que quería a cambio eran risas. Con el paso de los días el circo
tuvo que cerrar; la gente ya no les presta atención a los artistas urbanos,
tiene demasiada prisa como para prestar atención. Tuvo que actuar en fiestas
infantiles, donde no gozó de la misma fama que en sus días de cirquero, le
generaba los ingresos suficientes como para sobrevivir a base de licores.
Observaba por su ventana, los jóvenes asaltaban a pequeñas ancianas, los niños
de 12 años se encontraban fornicando, las niñas se visten de una forma
ridícula, ya a nadie le importa el amor, le importa el orgasmo. Una vez que
aceptó que ahora a la gente ya no le importa reír; decidió que ya había hecho
suficiente por el mundo, que al menos lo intentó, su vida valió la pena, pensó
todo eso en los últimos segundos de oxígeno que le quedaban mientras se
balanceaba sobre la silla, derramó su última lágrima de alegría. Quizá te
esperabas esto, quizá no, no te conté una historia para entretenerte o hacerte
reír, te conté esto porque simplemente quería contártelo y ya. Unos dirían que
solo perdimos a otra persona, otros dirían que ahora tenemos más oxígeno, yo
les diría que perdimos al último luchador, quizá no luchaba por tierra o por
alguna persona, luchaba por la felicidad de las personas.
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