jueves, 2 de mayo de 2013

LAS ABEJAS TAMBIÉN SONRÍEN



Las abejas también sonríen
Cuento
Pato Rocha

         La historia que les voy a contar es en extremo peculiar y no creo que sea del agrado de todos, es una historia que quizá aparente ser infantil y triste o quizá es madura y feliz. Esta historia no es lo que aparenta, es una historia única, en mi opinión ocurren eventos que solo te pasan una vez en la vida. Si estás leyendo esto quiere decir que eres una persona especial, no para mi, que soy un simple narrador de cuentos, eres una persona especial porque sabes leer y tienes una habilidad con la que no cuenta un porcentaje alto de la población, por eso y mucho más te felicito. Dejando el sarcasmo a un lado quizá no tengas idea en lo que te metes.
         En esta tierra existen tres únicos y peculiares personajes. Se encuentra el anciano que ha intentado terminar con su vida cientos de veces, una cantidad realmente ridícula de ocasiones en las que se ha intentado suicidar y nunca ha tenido éxito, con decirles que una vez se lanzó de un avión sin contar con un paracaídas y terminó sin  ninguna fractura. Una característica realmente peculiar de este anciano es que cada vez que olía una rosa roja, quisiera o no quisiera, le salían mariposas de las orejas, nadie jamás se pudo explicar porque. Su vida es realmente muy feliz a los ojos de cualquier persona, pero la percepción juega un punto crucial en la vida de cualquier persona; para el todo es gris y amargo. Yo creo que controlaba muy bien su cerebro porque podía lograr que hasta el caramelo más dulce le supiera al café más amargo. Odiaba todo, desde pequeño quería ser anciano para poder decirles a los niños que se salieran de su jardín, jamás jugaba, jamás leía cosas felices; sus cosas favoritas en el mundo eran las tragedias griegas, los funerales y el cielo gris. El segundo personaje que me gustaría presentarles se trata de un adulto normal, común y corriente, tiene una pequeña enfermedad en la que interviene el color verde, no es que lo confunda con algún otro color ni nada por el estilo; simplemente siente una enorme necesidad de aventar dominós en un tercer piso a las mujeres con sombreros morados, razón por la cual se queda encerrado en su casa. Tiene una habilidad increíble para las matemáticas, aprendió primero a sumar que a leer y cuando aprendió a leer ya podía resolver teoremas de una complejidad muy alta, pero su inteligencia social era prácticamente nula; con decirles que una ocasión quiso besar a una mujer porque le dio los buenos días. La gente no le hablaba, hablar con él era como leer una obra de Shakespeare y la gente de estos tiempos ya no aprecia más ese dominio de la lengua. El tercer personaje que me gustaría presentarles ya que con ellos presenciarán una tierna historia, es un niño de unos 8 años, tiene una gorra con una hélice que siempre está girando, característica de lo más extraña porque la gorra no usa ningún tipo de energía. El niño les tiene miedo a las multitudes de gente que tengan más de 4 personas y le encanta molestar a las personas que más quiere, es su forma de demostrarlo, aunque en el camino siempre termina causando más dolor que alegría.
         Quizá en este momento te estés preguntando que es lo que tienen que ver estos personajes conmigo o mi vida, o porque todos tienen una característica que nadie se puede explicar y que parece irreal. Pues todos ellos comparten algo en común y es el encuentro con una persona que les cambió la vida.
         El niño, dado que sus gustos por pasar el rato son de lo más infantil, se encontraba en el parque observando como los patos se peleaban por un trozo de pan que él lanzaba a propósito para que estos se enfrentaran. Mientras observaba como los animales emplumados se arrancaban los ojos entre ellos una joven única y peculiar se acercó a él.
¿Por qué haces que esos animales luchen entre ellos por alimento? – Dijo la joven.
Quiero ver al mundo arder.- Respondió el niño con una sonrisa un tanto siniestra.
Hoy no es un día feliz. –
¿Por qué lo dice señorita? – Respondió el niño un tanto preocupado y al mismo tiempo no podía creer que se estuviera preocupando por una persona que no conocía y que quizá nunca vería de nuevo.
         Y con el mismo misterio en que apareció la joven la misma desapareció de la presencia del niño, razón por la cual el niño llegó a considerar que se trataba de un fantasma, cosa que creo que es imposible, pero ustedes saben como funciona la mente de un niño de esa edad. El niño no podía dejar de pensar en esa joven, parecía una persona tan feliz, no podía creer que no fuera un día feliz para ella, quizá si no fuera un día feliz para una persona que parecía tan alegre como ella quizá ningún día fuera feliz en lo absoluto. Pensamientos realmente profundos para un niño de tan corta edad; lo que causa el encuentro con una persona que vale la pena conocer.
         Nuestro personaje que se encuentra en la mitad de su vida, (no les miento realmente en unos segundos habrá alcanzado la mitad de su tiempo en este planeta) se encontraba resolviendo problemas de física cuántica para su trabajo que realizaba en su hogar, cuando sonó el timbre.
Hola señor – Dijo la misma joven que se había encontrado con el niño hace unos escasos minutos.
Permítame hacerla sentir bienvenida a mi humilde morada que tengo el descaro de llamar hogar y en el cual me siento cada vez más aislado de una sociedad que no solo discrimina a la mente pensante, sino también a la mente extremista con sed de libertad-
¿Ah?
         Para la mala suerte de todos nosotros la camisa que usaba aquella peculiar joven no era de otro color más que verde. Lo que hizo que nuestro personaje instantáneamente agarrara su caja de dominós (por azares del destino vivía en el tercer piso), y empezara a lanzarle dominós a las personas que contaran con un sombrero morado en su cabeza.
¡Espere señor! ¿que hace?- Gritó la joven de una manera realmente exaltada.
Creía que mis acciones eran de una naturaleza en la que todas las personas pudieran entenderlas y que logran llegar al fondo del alma de cada individuo, cautivando de esa forma el corazón de las personas y al haber eliminado todos los cascos del tono más horripilante que existe, podría llegar a encontrar un equilibrio en este hogar que poco a poco hemos estado destruyendo y que sin el no habríamos encontrado el más bello de los sentimientos que es amar cada defecto de una persona de tal manera que encuentres la perfección.
Sabe señor no entiendo nada de lo que dice, pero si me permite vayamos a tomar fotografías, no creo que las personas que cuenten con cascos morados vayan a destruir el orden en que nos regimos. – Propuso la joven.
         Nada puede explicar como es que aquel señor con la fobia más peculiar que he tenido la oportunidad de conocer, logró vencer su miedo al compartir una tarde con aquella amable y sonriente joven. Ese día entraría en los mejores días de su vida, aprendió a querer a los sombreros morados en vez de lanzarles piezas de madera. Mientras nuestro amigo se encontraba tomando una foto a un pájaro carpintero la joven desapareció de la misma forma en la que apareció. El señor jamás volvió a ser el mismo, realmente lo único que habría querido era agradecerle por ser amable con el cuando nadie más lo fue.
         Nuestro último personaje se encontraba amarrando un nudo para colgarse por vigésima ocasión en esa semana, lo peculiar de esto es que era martes. En el momento en que dio el paso decisivo la viga que sostenía la cuerda se rompió recibiendo el golpe en la espalda, lo que le causaría, un dolor que le duraría todavía un par de años. La joven que fue testigo de este acto decidió entrar a la casa de aquel señor tan desgraciado. La puerta se encontraba abierta, el anciano siempre la dejaba abierta para que alguien se metiera a robar, el pudiera defenderse y así morir asesinado, cosa que jamás pasó. La joven con una sonrisa realmente alegre, habló con el anciano, (no tienen idea de la felicidad que inspira esa sonrisa; creo fielmente en que hay tres razones por las que vale la pena estar en este mundo. La primera es ver la inocencia de un bebé, poder besarle los pies, la segunda sería poder llegar al éxtasis con nada más que música y la tercera es poder ser testigo de sonrisas como esa.)
Señor,  ¿sabe que día es hoy? – Dijo la joven con más felicidad que la que el anciano ha tenido en toda su vida.
¿Quién es usted? ¿Cómo logró cruzar tan rápido mi jardín?- Dijo el anciano un tanto decepcionado porque sería la primera vez en que lograría gritarle a alguien que se fuera de su jardín.
Hoy señor es ¡su cumpleaños! – Gritó la joven con un júbilo que estuvo a punto de hacer sonreír a la abeja que se encontraba en la flor más cercana. Al mismo tiempo sacó una rosa roja de su bolso y un pequeño pastel de chocolate.
Oh no… - Dijo el señor al mismo tiempo en que salía una mariposa de cada una de sus orejas.
Pero que don tan hermoso tiene señor, puede crear belleza de la nada, es como un artista de la naturaleza, no hay nada más hermoso que una mariposa. -
Y usted que sabe; es fácil para usted, se seguro tiene una vida maravillosa donde todos la aman y es apreciada por cada uno de sus amigos, cada amigo que he tenido me ha abandonado, por eso no le recomiendo conocerme, terminará odiándome.
         Nada podrá explicar que es lo que logró sentir aquel anciano cascarrabias cuando la joven lo abrazó con una calidez que hizo que el anciano se pusiera a llorar, aquel señor llegando al siglo de edad terminó llorando como un bebé que acaba de llegar al mundo, él sabía que la persona que estaba entre sus brazos era una persona realmente especial, una persona con la que siempre podría contar, y luego de haber abrazado a esa persona el anciano cortó el nudo que había formado con anterioridad. De la misma forma en la que llegó la joven se retiró, tan misteriosa y mágica, que el anciano llegó a creer creería que toda su vida valió la pena por ese simple y hermoso momento.
         Pasaron meses desde aquel día, nuestros tres personajes se encontraban caminando en direcciones que solo ellos conocen, realizando tareas que les fueron encargadas solo a ellos. Después de haber caminado durante largo rato los tres llegaron a un punto en que jamás creerían que llegarían, llegaron a encontrarse. En el momento en que el anciano observó al niño, el niño observó al adulto y el adulto observó al anciano se dieron cuenta de que los tres eran la misma persona, cada uno era un fragmento de personalidad del individuo que conforman y cada uno de ellos fueron conmovidos en el punto más profundo de su ser al conocer a aquella joven, aquella joven que se convertiría en su salvadora, aquella joven que sería el motivo por el cual no se sentirían solos, aquella joven que sería como una hermana menor para ellos o debería decir, para el.
         Como me encantaría terminar la historia aquí de verdad, me encantaría decir que la vida siguió así, que nuestro personaje contaba con una amistad más valiosa que los rayos del sol y que con ese apoyo incondicional encontraría lo que ha estado buscando. Llegó a la insania mental un poco después de que ella murió, no se volvió loco a causa de su muerte, más bien se volvió loco a causa de la soledad que lo envolvió una vez que ella se entregó a la tierra, él sabía que no existiría ninguna persona más alegre que ella, cuando ella se sentía triste el día se sentía un poco menos alegre, pero cuando dejó de existir… él sabía que el mundo acababa de perder a una de esas sonrisas que hace que valga la pena existir y que si en esta realidad no la encontraba el viviría en una donde podría estar con ella hasta el fin de sus días.

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