Días grises
Cuento
Pato
Rocha
Días
grises, días grises son los que tengo que vivir cada momento de mi vida; la
computadora, libros, televisión, todo eso me hace recordar lo solo que estoy,
mi vida se ha convertido en una rutina, no hay peor muerte que la densa y lenta
agonía que te provoca la rutina.
Me
levanto con un dolor de cara, siento que la noche anterior participé en una
pelea con alguien, ojalá esa fuera la realidad, hace meses que no interactúo
con nadie. Pienso que hacer, no siento hambre, hace meses que no siento hambre
de verdad, como para no darle el gusto al mundo de ausentarme permanentemente,
aun no es el momento, pero eso sería lo más fácil. No hay nada en mi
departamento que me haga feliz, no reúno la valentía suficiente para salir, no
creo que a nadie le interese conocerme, solo soy un ser que esta formado por
libros y segmentos cinematográficos.
No
quiero prender la computadora, ahí se encuentran todos los fantasmas que me
atormentan, la computadora saca lo peor de mi, me vuelve un ser vilmente
repugnante, me deja ser tan perezoso que da asco, no hay nada que me mantenga
unido a este mundo por voluntad.
Me
doy asco, la sociedad me da asco, el mundo en conjunto me da asco, no me gusta
leer los periódicos, puras paginas amarillistas, solo son un conjunto de letras
que nos informan de que tan jodida se encuentra la sociedad y como cada día
vamos en caída libre hacia la extinción de lo que nos hace humanos.
Cada
vez que empiezo a pensar en como soy cuando estoy usando la computadora mas
ganas me dan de querer destruir todo esto, de no depender de ella, los días que
no me conecto son los que están mas llenos de paz, me gusta convivir unos
momentos conmigo mismo, hablar con las personas virtualmente se me hace lo mas
cobarde que ha inventado esta generación, extraño los días de antaño en los que
tenias que ver a la cara a tus amigos y tus personas cercanas para convivir con
ellas, y ahora, nos hemos rebajado a felicitar a la mayoría de nuestros amigos
por internet, no es posible que no podamos recordar una fecha de cumpleaños, me
decepciona recibir mas felicitaciones virtuales que en persona.
Hoy
cumplo 39 años, pero siento que mi vida no ha avanzado desde aquél fatídico
día, no considero mi cumpleaños un día especial, es un día normal en mi vida,
no entiendo la costumbre de celebrar un cumpleaños, solo estar un año mas en este
mundo tan jodido me repugna. Pero hoy algo me obligó a salir, una promesa hacia
una vieja amiga. Simplemente pensar en ponerme un abrigo para salir alimenta mi
pánico hacia la ruptura de mi rutina y me hace querer quedarme en mi
departamento con la compañía de mis libros y mis juegos mentales.
Caminé
sin rumbo durante varias horas, sin consuelo por todos los recuerdos que me
invadieron sobre aquél día que haría que mis días de felicidad y regocijo se
convirtieran en estos deprimentes días grises. Después de caminar durante
varias horas mis expectativas sobre mi día no habían cambiado ni un instante,
aun sentía que mis temores y demonios seguirían ahí después de haber intentando
salir un instante. Llegué a un parque donde creí que podría encontrar un poco
de paz después de haber experimentado tanto ruido, tanta gente, tanta
putrefacción humana. Entonces cuando había llegado a la conclusión de que mi
vida no iba a mejorar la vi, en ese momento todo mi mundo sufrió un gran
colapso y toda mi costumbre hacia mi rutina fue destruida como una pila de
bloques de madera que solo esperaban una leve ayuda para ser destruidas. No
podía creer lo que mis ojos estaban viendo, era tan perfecta, sabia que era
perfecta aun antes de que le hablara, sabia que ella solo conocía la felicidad
y la dicha de la vida que me habían sido negadas durante varios años, sabia que
tenia que hablarle para poder escapar de esa tortura a la que fui sometido
durante tanto tiempo. No pude evitar notar la juventud y la inocencia que
contenían esos hermosos ojos de miel, sus labios carmesí tenían la forma tan
perfecta de una rosa pero presumían una ternura inmensa, su cabello era algo
que podría estar observando sin necesidad de tener que usar mis ojos para otra
cosa. Sentía que todo mi entorno gris había conocido la luz que ilumino los
colores al verla, todo a mi alrededor era gris excepto ella, eso se debía a que
ella no era de mi mundo y simplemente supe que la necesitaba para que me
permitieran saborear la dicha una vez mas después de aquel terrible día.
Entonces los demonios de mi pasado empezaron a atormentarme, me empezaron a
invadir muchos pensamientos que contenían suficiente lógica para acobardarme y
destruir todas mis ilusiones con aquella hermosa persona que sin conocerla ya
era la fuente de mi felicidad; ¿Cómo me haría caso si eres tan aburrido y tan
poco interesante? ¿Por qué te hablaría? si solo eres un viejo hombre patético,
mi mente tenia razón, no había ninguna razón por la cual una persona así me
hablaría y mucho menos me amaría, cargar con este cerebro tan metódico y lógico
es una maldición que debo cargar hasta mi día final, ha sido la raíz que me ha
llevado al sufrimiento y al caos. Fui el hombre mas patético que pudo haber
existido, pensando y sufriendo en una banca del parque por hablarle a la
persona mas hermosa que había visto, y en ese momento pasó algo que fue contra
todos mis pronósticos que había formado en tan solo 4 minutos de haberla visto.
-
Disculpe señor ¿le puedo pedir un favor?-
Mi
mente tardó exactamente 23 segundos en reaccionar para darme cuenta que ella me
estaba hablando, no podía creerlo, y pude haber empezado a formular muchas
conclusiones pero debía de contestar a su petición.
-
Claro, ¿qué puedo hacer por usted? –
-
¡Necesito encontrar mi unicornio! –
-
¿Su unicornio? –
-
Si, lo había traído a pasear al parque y cuando lo perdí de vista ya no lo he
podido encontrar. – Dijo con una voz que expresaba una cierta tristeza.
En
ese momento no sabia que pasaba, nunca había tenido esa clase de humor de creer
en cosas que mis ojos no pudieran ver o simplemente que estuvieran en algún
libro de prestigio científico, pero lo que mi mente no pudo comprender fue mi
respuesta ante esa petición que me hacia, iba contra todos mis principios de
conversación.
-
¿Ya reviso atrás de su oreja? –
-
¡Oh usted tiene razón! Siempre se esconde ahí y no me acordaba de su escondite.
-
Es un placer ser de ayuda. –
-
Que propio es usted, seguro es un maestro o un doctor o me equivoco? –
-
Tengo un doctorado esta en lo correcto pero ahorita me encuentro en un receso
sobre todo lo que respecta a lo que estudio. –
-
Me gustan los perros, ¿ a usted le gustan los perros? –
-
No me gustan los animales en general, los respeto pero no son de mi agrado
total. –
-
Mi nombre es Sofía, ¿señor doctor tiene un nombre? –
-
Roberto –
-
Es un placer conocerlo Roberto, no parece una persona muy feliz ¿sabe? –
-
En este momento estoy feliz. –
-
Eso es genial, ¿puedo saber por que? –
-
Estoy hablando con usted –
Nada
de lo que he presenciado se puede comparar a lo que ella me hizo después de
haber dicho eso, me dio el mejor regalo de cumpleaños que me habían podido dar
en toda mi vida, me regaló su sonrisa. En ese momento había llegado a una
conclusión: podía morir en paz, en ese momento alcance la verdadera paz. Pero
formule una pregunta que rompió mi éxtasis ¿qué tenia esa mujer que me hizo la
persona mas feliz sin conocerla?
-
Sabe Roberto, me caes bien, hasta podría decir que me gustas –
-
Tu también me gustas –
Cuando
escuché esas palabras empecé a recordar muchas cosas, que tenían el aspecto de
premoniciones, me parecía que ya lo había vivido pero no recordaba el momento
en que los había vivido, empecé a imaginar varias citas con ella, nuestro
primer beso, nuestra primer cena, la primera vez que hicimos el amor, nuestra
boda, nuestro primer hijo y todos estas fantasías que me llenaban la cabeza me
hicieron imaginar aquel fatídico día, el día en que Sofía murió y se llevo toda
mi personalidad a la tumba con ella, todas mis alegrías, toda mi dicha se fue
con ella, pero todo eso no tenia sentido, ¿cómo podía imaginar esas cosas y que
tuvieran una similitud enorme a un recuerdo?
De
repente todo mi escenario empezó a apagarse, ya no había niños corriendo con
sus mascotas, ya no estaba la pareja de ancianos alimentando las aves, ya no
estaban los columpios y las reveladillas, ya no estaba mi preciada Sofía. Me
encontraba recibiendo la lluvia con los brazos abiertos descansando en el
cemento, escuchando gritos pidiendo que alguien marque a emergencias, aquel
fatídico día era el día de mi muerte y todo lo que había visto solo era mi vida
pasar frente a mis ojos. Nunca creí en los rumores sobre que veías toda tu vida
antes de morir, pero ahora se que son ciertos, yo no vi cada momento que pasé
en este mundo, solo la vi a ella, y en ese momento comprendí que únicamente la
vi a ella porque ella era mi vida.
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